por Maria del Carmen Ares.
Recuerdo el primer till up, acordes agudos de Led Zeppeling, las grietas en las paredes, los personajes desgajados por la colisión... Cómo no iba a rescatar aquella película que tanto me había impactado!!!
-¿Que no pudiste sacarla de Cuba?!!! Oye!!! Me escuchas!!! Emiliooo!!!
Golpeé el auricular... El pip ensordeció los copos de nieve que caían como diamantes sobre la depauperada cabina telefónica moscovita. Regresé al obschechitie. Las palabras interrumpidas resonaban mientras descendía al Metro por la interminable escalera eléctrica... Algo se movió en mi interior. Mi hijo. Le sujeté en el vientre y saltamos al tren. El último de la noche... Aletargada imaginaba qué podía haber obligado a Emilio a salir de La Habana antes de las premiaciones... y sin llevarse El encanto del regreso!?...
Al día siguiente me despertó María la sueca. La stalóvaya* era un enjambre de comentarios - me dijo- ¿Cómo que Emilio estaba preso en Cuba? Williams, el chamo, había pasado la voz, y ella, sueca al fín, no lo entendía. Sacha, el camarógrafo del docu de la Siberia había avisado a los del grupo de estudios de Emilio. El Tigre y La Mona (una pareja muy querida) también aparecieron por el Instituto... Los cubanos (éramos pocos) conjeturaba cada uno su “versión” obtenida desde La Habana... Hasta Liena Tonuts, ahora toda una starschor* del piso 15, había bajado para decir que trazaríamos una estrategia... Fedia Bondarchuk y Tigrán, ya estaban en camino; pedían el teléfono de Emilio en La Habana..... La stalóvaya* era una gran sala de infusiones, comestibles y tertulia política. La gente avanzaba con sus platos de sasisksi, su solianka o su mannaya kasha* esperando la versión oficial de los hechos. Algunos decían que lo mejor era que Emilio regresara a Moscú. Otros que debíamos mover contactos en MOSFILM o donde fuera... En los días sucesivos la gente seguía indagando preocupada. Moscú vivía profundamente su perestroika.. y nuestro VGIK nos acercaba hechos distantes en la geografía, con un halo intenso de conmoción... Cierto! -expliqué por fín- Emilio ha salido precipitadamente de Cuba... y El encanto del regreso ha sido abolida en las bóvedas de lo proscrito...
Yo no abandonaba la quimérica idea de extraer la única copia existente fuera de Cuba, de su recinto: el archivo del VGIK. Casi imposible!... pero el azar quiso que la película fuera enviada al Festival de Cine de Moscú.... y esa eventualidad se convirtió en hallazgo...
El tiempo apremiaba. En unos días saldría de la ciudad la única persona dispuesta a utilizar su inmunidad diplomática para hacer llegar la llamativa carga de once latas de película a mi entrañable amigo....
So pretexto de visitar a unos conocidos en la embajada, me escabullí en las oficinas. Extraje unas hojas con membrete, sobres, un cuño y elaboré un documento decidida a probar suerte en la sede del Festival. La panza no me permitía gran ligereza pero hacía creíble el personaje de “funcionaria” que improvisé en minutos. Carta en mano llegué ante la empleada del GOSKINO* y arguí que recogía la película para mostrarla esa noche a unos diplomáticos invitados a nuestra embajada. La dama rusa me miró perspicaz e hizo llamar a una colega, y ésta a otra, y a otra... Ninguna parecía estar dispuesta a entregarme la película. Entre llamadas van y llamadas vienen debió pasar una hora. Las señoras cuchicheaban y mi inquietud se desbordaba sin recato... pero había calculado bien que a esa hora ya no encontrarían a nadie en ninguna oficina. Comencé a quejarme de la burocracia e inhumanidad en mi estado, al tiempo que prometía regresar el material al día siguiente... Por fín apareció una nachalnik* Vestía chapka, sweter de lentejuelas y escondía una sonrisa dorada bajo los labios que exhibió cuando accedió a entregarme el material, con la condición de que firmara no sé cuantos documentos que la exoneraban -según ella- de responsabilidad por entregarme la carga.
Salí satisfecha pero urgida por nuevos retos. Ahora habría que esconder la voluminosa joya hasta su traslado al aeropuerto. ¿Y si en los días sucesivos alguien avisaba al Instituto? Si descubrían mi firma y registraban mi komnata*? El frío de menos quince grados me impregnó los huesos. El corazón aceleró los latidos... veía custodios de la embajada en las caras de los transeúntes y volgas negros blindados por todas partes. Otra patadita en mi interior. Mi hijo se resistía a soportar mi angustia. Intenté apaciguar mi paranoia y cargar todo aquello mientras la noche irrumpía y la gente desafiaba el viento y la nieve cobijada en sus paltós*... Yo también creía desaparecer en la oscuridad, pero no dejaba de comprobar si alguien nos seguía... Decidí detener un taxi que aparecía por la esquina... Monté y percibí la rara sensación de que aquella metrópoli me engüiría......
Al cabo de unas semanas recibí la confirmación. Fue una inmensa alegría. Emilio tenía la copia en sus manos y El Encanto del Regreso emprendió su peregrinar por las salas de cine de este mundo, llevando su historia a muchos lugares........ gracias a esta anécdota que Emilio ha querido que contara hoy...